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  • Francisco López Bárcenas

Haciendo camino al andar

“Caminante, son tus huellas, el camino y nada más, caminante, no hay camino, se hace camino, al andar”. Leer la historia de Enlace Rural Regional A. C., una asociación civil creada por entusiastas exfuncionarios públicos dedicados a impulsar acciones para combatir la pobreza en las zonas rurales de México, remite inmediatamente a los versos del poeta español, Antonio Machado, aquel que un poco antes de que los miembros de Enlace Rural Regional decidieran caminar su propio camino, ya había advertido que en las acciones importantes y profundas, aquellas que buscan ir al fondo de los problemas que enfrentan, no hay caminos construidos, pues si los hubiera el problema tal vez ya se había combatido con éxito.

Para entender la forma en que se construyó el camino a caminar, es decir, su propio camino, el Consejo Directivo de la asociación civil encargó a su Director Ejecutivo, el amigo Enrique Gómez Levy, que reconstruyera la memoria histórica de lo caminado, un trabajo que les permitiera hacer una especie de corte de caja de lo realizado y lo que les falta por hacer; evaluar si el camino trazado fue el correcto para alcanzar el horizonte que se habían trazado o hay que direccionarlo; si los compañeros de viaje han sido los adecuados y pueden seguirlo siendo para el futuro, o hay que sustituirlos. En fin, sistematizar la historia de veinticinco años ininterrumpidos de esfuerzos conjuntos con los campesinos marginados con el propósito de sacarlos de esa situación.

Enrique Gómez Levy no quiso ser el único responsable de tamaña empresa y distribuyó la responsabilidad entre los miembros de las comunidades que participaron de ella, que al final de cuentas eran los que más conocían del trabajo cuya historia se proponían rescatar. Habló con las personas que le parecieron claves para sacar adelante la tarea, les explicó de qué se trataba y de la importancia de que ellas escribieran su historia. Sabedor de que los campesinos no están acostumbrados a escribir les formuló una serie de preguntas que debían contestar y con la información que le proporcionaron, unas personas más que otras, y sumando su propia experiencia, lo recordado y lo que consta en papeles de la organización, finalmente escribió la historia de Enlace Rural Regional.

Esa es la primera gran importancia de esta obra. Que no la escribió alguien ajeno a ella sino las mismas personas que la vivieron. Así, antes que reflexiones teóricas sobre el trabajo de enlace que la asociación realiza entre los grupos de campesinos necesitados y los grupos de personas que podrían ayudarlos a superar sus problemas, lo que hay en ella es la vivencia de quienes empeñaron su esfuerzo para lograr un propósito común. En las páginas de esta historia igual están los chochos de Oaxaca que se molestaron porque el Presidente de la república no los atendió por no ser mixtecos, los triquis, también de Oaxaca, que en medio de una brutal guerra contra ellos buscan formas de superar la dominación, las mujeres y hombres hañ-hñus del semidesierto hidalguense y los integrantes del Instituto de Promoción Rural, A. C. que buscaban apoyos para la siembra del agave para sostener su economía doméstica y los Nuú savi de las comunidades de Yucuhiti y Santiago Nuyoó, en la región mixteca alta de Oaxaca, que trabajaron para rescatan sus mantos acuíferos para poder seguir sembrando los alimentos que consumen.

La historia de cada una de estas comunidades, con las que Enlace Rural Regional ha caminado apoyando su caminar, es muy diferente a las demás. Igual pasa con los proyectos que se propusieron sacar adelante y los logros que al final del camino alcanzaron. En todo ello pesó, según se advierte de los testimonios que componen la historia, la actitud paternal cultivada por el gobierno por décadas, con tal éxito que muchos pueblos han perdido su capacidad de tomar en sus manos la solución a sus propios problemas y esperan que todo lo resuelva el gobierno. Aunque los miembros de Enlace Rural insistieron siempre que ellos no eran gobierno, que no tenían recursos humanos ni económicos para sustituirlo y lo que podían hacer era acompañarlos para encontrar los recursos para atender sus necesidades, en varios casos no pudieron lograr que la gente tomara los procesos en sus manos y esperara lo que otros pudieran conseguir.

Este es un tema de suma importancia por varias razones. Una de ellas es que las condiciones de abandono del campo por el Estado, que en los ochenta obligó a varios exfuncionarios a trabajar desde fuera del gobierno, siguen prevaleciendo y se ha profundizado, al grado que ahora se puede afirmar que se trata de un abandono total de los campesinos a su suerte. Esta situación ha llevado a muchos pueblos a proclamar que la única forma de seguir existiendo y alcanzar una vida digna es la construcción de su autonomía. Eso es cierto, pero la autonomía lleva implícita la capacidad de los pueblos de hacerse cargo de su futuro y para eso se requiere organización, planeación y muchas ganas de participar activamente para lograr lo que se propone. La experiencia de Enlace Rural muestra que ese es un problema pendiente sobre el que hay que trabajar para encontrarle solución.

Hay otros problemas, que no dependen de los pueblos sino de elementos ajenos a ellos: los recursos para sacar adelante las obras que se requieren para atender los problemas. Aunque los pueblos se organizaron, contaron con el apoyo técnico para hacer sus planes y las relaciones para gestionar los recursos muchas veces no los consiguieron y difícilmente podrían hacerlo porque las necesidades siempre resultan más grandes que los recursos para atenderlas ¿Qué hacer para remontar este problema? Esa es una respuesta que hay que construir entre todos. En principio valdría la pena recordar que esa es una responsabilidad del Estado pero tampoco olvidar que hace años que se viene desentendiendo de ella. Insistir en ello es importante, lo cual pasa la lucha de lo meramente económico a la arena de la política para exigir lo que en derecho corresponde a los pueblos y eso también requiere de organización y esfuerzo.

Junto a las particularidades de cada una de las experiencias narradas y los obstáculos que cada una encontró en su andar también se advierten coincidencias y aciertos que también hay que mencionar para valorar lo andado. Una de ellas es que Enlace Rural Regional haya decidido buscar a los más marginados de los marginados, que haya sometido a consulta entre los interesados sus prioridades y la manera de lograrlo. No es una tarea fácil pero cuando se logra se ha dado un paso importante, pues le devuelve a la gente la confianza en su propia capacidad y rompe con la dependencia externa. La gente recupera su dignidad por tanto tiempo pisoteada de muy diversas maneras. Esto es tan importante que a veces, aunque el proyecto original fracase, los participantes son capaces de sacar adelante otros que en principio no les parecían importantes; o irradiar su luz a otros lugares, como el de los triquis, donde la gente de Yucuhiti se vio y pidió que la apoyaran para hacer algo similar.

Considero que, tratándose de comunidades indígenas, ahí está una gran veta a explorar cuando de buscar formulas novedosas para la solución de sus problemas se trata. Permítanme explicarme. Considero que si los programas de gobierno y muchos de la sociedad civil enfocados hacia los pueblos indígenas fracasan o no alcanzan las metas que se proponen es porque ignoran las ideas que los pueblos tienen sobre ellos. Permeados de una idea de desarrollo concebida para otros propósitos creen, a veces de buena fe y otras no tanto, que sus ideas por ser buenas para algunos lugares y sectores particulares, lo son para otros y con esa idea, evitan la opinión de los directamente afectados. En otras palabras, consultarlos y tomar acuerdos con ellos es bueno, pero es mejor hacerlo en la clave cultural y cosmogónica de los directamente interesados. De la historia de Enlace Rural Regional no se desprende que esto se haya hecho en todos los casos y si así fue, habrá que corregir esa omisión y evaluar si es correcto extender la nueva fórmula de intervención en los trabajos futuros.

En fin, son muchas las lecciones que se pueden aprender leyendo la historia de Enlace Rural Regional A. C., de las cuales aquí se han señalado algunas. Cada lector seguramente podrá sacar las propias. Antes despedirse, hay que felicitar a los integrantes de Enlace Rural Regional A. C. y a quienes han caminado con ellos en estos veinticinco años por el camino que han construido y que hoy nos cuentan en sus propias palabras. Ojalá que las reflexiones sean como los rayos que aparecen durante las noches de tormentas, que al estallar irradian su luz por muchos lugares mostrando a sus habitantes el horizonte. Los tiempos que nos han tocado vivir lo requieren. Si esto sucede, podremos cantar junto con el poeta español, Antonio Machado, no el verso que aparece al principio de su obra y de este escrito, sino el que él mismo escribió después: “Al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”. Cuando esto suceda, será porque nuestros esfuerzos han alcanzado la meta propuesta.

Enhorabuena.

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